28.12.05

Sobre la inmortalidad

Ciencia Ficción, segunda selección – Recopilación de cuentos de varios autores – Editorial Bruguera, Buenos Aires, 1976 – Los relatos fueron originalmente publicados entre 1963 y 1967 – Traducción: F. Corripio, J. Piñeiro, C. Gaudes.

Todos los hombres son mortales – Simone de Beauvoir – Edhasa, Barcelona, 1997 – Título original: Tous les hommes sont mortels; año 1946 – Traducción: Silvina Bullrich.

– ¿Qué hay de cierto en este mundo, predecible, inevitable, lo único cierto que se sabe del futuro de usted, y del mío?
– Que moriremos.

(Úrsula K. Le Guin, La mano izquierda de la oscuridad, hablando de la capacidad de predecir el futuro.)

Desde la epopeya de Gilgamesh en adelante la inmortalidad ha sido un tema recurrente en la literatura de todos los tiempos. La Ciencia Ficción no es la excepción a esta regla, son innumerables los relatos en los que la inmortalidad tiene un papel relevante (por ejemplo, el libro que comentaba en la entrada anterior).

En Ciencia Ficción, segunda selección hay dos cuentos en los que la inmortalidad es el tema central. Uno de ellos es El Cebo (The Bait, año 1966) y el otro es El primer postulado (The first postulate, año 1967). En estos dos cuentos, a diferencia de lo que sucede en muchos otros relatos clásicos, no se habla de la inmortalidad de un único hombre, los inmortales son todos los miembros de una sociedad a nivel planetario. En El Cebo los inmortales viven en una Tierra paralela en la que la vejez y la enfermedad nunca han existido. En El primer postulado es en nuestra propia Tierra que se ha desarrollado un antídoto universal que cura todas las enfermedades y detiene la vejez.

En ambos casos la sociedad se inmoviliza y las posibilidades o de procreación de progreso son casi nulas. El Cebo habla de rebeldes que huyen desde su planeta de origen al nuestro; en El primer postulado también hay rebeldes, pero estos no huyen, sino que luchan y piden el retorno a una sociedad móvil en el que cada hombre sea el dueño de su vida y de su muerte.

¿Es la inmortalidad tan indeseable? Todos los hombres son mortales es una novela que narra la vida de Raimundo Fosca, señor de una ciudad-estado italiana, nacido en 1311 y que, gracias a una pócima de origen desconocido, se vuelve inmortal (no sólo es inmune a la vejez y a la enfermedad sino también a las heridas). Fosca comienza a ganar poder y riqueza, llega a ser la mano derecha del emperador Carlos V (Carlos I de España, aquél en cuyos dominios nunca se ponía el sol) y comienza a concebir planes cada vez más ambiciosos.

Pero todos sus planes acaban en nada y pronto se da cuenta de que a sus ojos toda gente parece nacer y morir en minutos. Todo es fútil y perecedero y finalmente Fosca, inmortal y todo, se queda solo y al margen de la humanidad. El silogismo que insinúa Simone de Beauvoir es Todos los hombres son mortales, Fosca es inmortal, luego Fosca no es humano.

Repito la pregunta: ¿es la inmortalidad tan indeseable? ¿o estos relatos en los que la inmortalidad parece una carga insoportable no son más que un consuelo que nos damos a nosotros mismos, pobres seres condenados algún día a morir?

1 comentario:

Teófilo Huerta Moreno dijo...

Es un hecho que el tema ha sido abordado de mil formas. Incluso deben existir auténticas coincidencias. Yo desarrollé un cuento que no está exento de coincidir con ideas, no obstante otra cosa es que varias ideas y desarrollo de las mismas estén presentes de forma tácita en una bora ajena, por ello expongo mi caso:

El escritor portugués y premio Nobel de Literatura José Saramago viola los derechos de autor tras de que la novela Las intermitencias de la muerte es una derivación sin el debido consentimiento de mi cuento ¡Últimas noticias! dentro del compendio La segunda muerte y otros cuentos de fúnebre y amorosa hechura registrado en 1986 ante el hoy INDAUTOR.

El cuento fue entregado en 1997 a Laura Lara de Editorial Santillana (representante de Alfaguara en México) cuando Sealtiel Alatriste era su director y quien a la postre cuando fue cónsul de México en Barcelona estuvo físicamente muy cerca del portugués radicado en España e íntimamente ligado a él en sucesivas presentaciones literarias. De lo anterior es de suponer que Alatriste (hoy Coordinador de Difusión Cultural de la UNAM) acercó mi cuento al Premio Nobel, o materialmente le desarrolló la trama como ayudante (fantasma o negro).

Algunas de las varias ideas y hasta palabras de mi cuento recogidas por el afamado escritor son: “no murió nadie ayer”; “en unos de día, en otros de noche”; “nuestros reporteros relizan...una acuciosa investigación en todos los velatorios y hospitales”; “atribuyen la existencia del fenómeno a una variación de la órbita de la Tierra”; “El júbilo era casi general”; “otros intentaron ejercer diferentes actividades, lo mismo que los empleados, gerentes y dueños de velatorios y panteones”; “...sin faltar aquellos encabezados ingeniosos...sumamente llamativos”; “la vuelta a la normalidad y, más que eso, a la naturalidad”; “un trabajador, tras caer desde un piso doce, no se levantó de la acera”.

José Saramago podrá escudarse en argucias como el cliché, la inter e hipertextualidad, aducir mera inspiración, coincidencia o influencia y sostener que las ideas son universales y esas no se protegen, no obstante el hecho es que la creación es un acto único e individual y basarse en la de otro finalmente constituye un hurto. La novela de Saramago es una obra derivada pero que no puede ser explotada sin la autorización del titular del derecho de la obra primigenia, de acuerdo con el Artículo 78 de la Ley Federal del Derecho de Autor.

No por sorpresivo el hecho deja de tener veracidad. Mi intención no es el escándalo, el protagonismo, la fama o el dinero. Simplemente elemental justicia.

Ver http://saramagoplagiario.blogspot.com y http://nocuadernosaramago.wordpress.com