27.1.07

Mundo Espejo

Mundo Espejo – William Gibson – Minotauro (Grupo Editorial Planeta), Buenos Aires, 2004. Título original: Pattern Reconigtion, año 2003. Traducción: Marta Heras.

En el mundo de la Ciencia-Ficción William Gibson se ha hecho famoso por sus historias sobre los héroes y antihéroes de ciberespacio (palabra cuya creación se atribuye a Gibson), aquella versión futurista de Internet en la que los navegantes se fusionan con la red a la manera de los protagonistas de Matrix. Pues bien, nada de eso hay aquí. Mundo Espejo no es en realidad una novela de Ciencia-Ficción. Esto, por supuesto, no implica un juicio de valor, es meramente un enunciado imparcial dirigido a quien todavía no conozca el libro, a fin de que tenga alguna idea de lo que se encontraría al leerlo.

Si tuviera que clasificarla en algún género, diría que Mundo Espejo es una novela de suspenso, con toques de historia de espionaje. Es cierto que la tecnología juega un papel decisivo en el argumento, pero se trata de la buena y bien conocida tecnología humana contemporánea (Internet, teléfonos satelitales, etc.) La acción transcurre en Londres, Tokio y Moscú en el año 2003 e inclusive hay referencias al ataque a las torres gemelas y a la caída del muro de Berlín (como para que nadie sospeche de que se trata de una ucronía o de un mundo paralelo). Hace cincuenta años hubiera sido una historia de Ciencia-Ficción, hoy por hoy es una simple historia realista.

Más allá del género ¿es una novela buena o mala? ¿Vale la pena leerla? Hagamos un resumen del argumento y dejemos la respuesta para cuando éste termine.

Resumen: La protagonista es Cayce Pollard, joven norteamericana con una hipersensibilidad a los logotipos (la contemplación del logo de Michelin, por ejemplo, le provoca ataques de pánico). Cayce aprovecha esta sensibilidad para trabajar como asesora (muy bien pagada) de agencias de publicidad. Le muestran un logo y ella determina a simple vista si tendrá éxito o no. La historia comienza en Londres, donde nuestra heroína ha viajado para asesorar a una muy importante agencia de publicidad internacional.

Paralelamente se nos habla de el metraje. Durante más o menos dos años han estado apareciendo en Internet pequeños fragmentos de película, de apenas unos segundos de duración. Nadie sabe quién los crea, son colocados en páginas anónimas o enviados desde direcciones de correo efímeras, aunque rápidamente se distribuyen entre todos los aficionados. Los fragmentos son de un calidad inimitable, tanto técnica como narrativamente, lo que aumenta la curiosidad y el fervor de sus seguidoras. A estos fragmentos se les ha dado el nombre colectivo de el metraje.

Al momento en que comienza el relato, se han distribuido más de 150 de estos fragmentos, y hay foros y listas de correo dedicadas exclusivamente a discutir sobre ellos. Es claro que los fragmentos forman parte de una película pero ¿en qué orden deben ser compaginados? ¿Se trata de una película ya completa que está siendo enviada en fragmentos? ¿O, por el contrario, el realizador las va enviando a medida que las crea? Las dos personas, un hombre y una mujer, que aparecen en los fragmentos ¿son reales o virtuales? Estas y otras preguntas apasionan a los fanáticos de el metraje, que dedican horas y horas a discutirlas.

Cayce es una seguidora de el metraje y participa activamente de un foro dedicado al tema. Para sorpresa de todos (al menos para sorpresa de Cayce) al terminar su trabajo en Londres, el dueño de la agencia en persona le hace un nuevo encargo: que localice el origen de el metraje. Los motivos del dueño de la agencia para localizar este origen no son claros y nunca llegan a serlo, siendo ésta sólo una de las vaguedades de la historia.

A partir de allí Cayce se dedica a la búsqueda que le han encargado, aunque en realidad es muy poco lo que hace en persona. Su trabajo resulta ser más bien el de intermediara: A le dice que tiene un dato, que Cayce le pasa a B, B lo analiza y le da una respuesta que Cayce le pasa a C y así sucesivamente. La acción es lenta, poco interesante y el lector se ve en el papel de quien está mirando un partido de tenis, pero sólo puede ver el momento en que la pelotita pasa de un lado a otro de la red y nunca puede ver en dónde cae. Todo el tiempo Cayce sufre de jet-lag y de vez en cuando alguien la persigue, pero por lo demás no hay mucha emoción.

Finalmente, tras un viaje a Tokio y otro a Moscú, Cayce llega a ver en persona al creador de el metraje. Es la primera que llega a verlo, y llega sola, aunque poco mérito ha hecho para merecer semejante honor. Hay que decir que la reacción del metrajista no puede ser más sosa. Después de dos años de traer de cabeza a miles de aficionados, cuando finalmente una de ellas lo encuentra, sólo atina a decir: qué bien, eres la primera que me encuentra.

El único misterio que subsiste casi hasta el final, y la única fuente de expectativa para el lector, es saber si el metraje está formado por fragmentos de una obra ya completa, o si sus partes van siendo creadas a medida que se envían a la red. Como ésta es la única cuestión de interés en la novela, no revelaré aquí la respuesta. Sí diré que al final del relato, Cayce habrá encontrado el amor, se habrá reconciliado con sus enemigos y habrá resuelto todos los misterios de su vida. Final feliz y beso al mejor estilo de Hollywood.

Vuelvo a las preguntas de antes: ¿Es una novela buena o mala? ¿Vale la pena leerla? Pues bien, mi respuesta, me temo, es que no. El argumento es flojo, la anécdota es trivial y el final, anodino. Una relectura de Neuromante sería un modo mucho mejor de aprovechar el tiempo.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

La verdad que el argumento del metraje estaba muy interesante, pero la novela era, tan, pero tan lenta, que la terminé abandonando. Es algo que le suele pasar seguido a Gibson, que tiene buenos argumentos, pero te aburre soberanamente con páginas y páginas de nada. Neuromante misma, estuve por abandonarla un par de veces.

Gaia dijo...

Es un lastima, Gibson es de mis preferidos, el genero ciberpunk le debe mucho, siempre se lucio con libros como Neuromante, Con Mona lisa Acelerada, Luz Virtual y Quemando Cromo, pero es verdad esta ultima novela no estuvo a la altura de su trayectoria.

Alejandro dijo...

A mí "Mundo espejo" me gustó mucho. Será porque me gusta la forma en que Gibson maneja las imágenes, o lo extrañas que a veces me resultan sus metáforas y sus ideas (jamás se me hubiera ocurrido el personaje de alguien fóbico a las marcas que trabaja como cazadora de tendencias), pero lo cierto es que la he disfrutado.
Saludos.